Funciones superiores del cerebro

Con frecuencia se escucha decir que el hombre es la única especie inteligente. Las funciones cerebrales superiores son aquellas que hacen al hombre diferente de las otras especies, porque en el hombre han alcanzado un desarrollo tal que le permite, en buena medida, modificar el ambiente y las circunstancias en las que vive. Son capacidades exclusivamente humanas, adquiridas en el curso de la vida individual, mediante el aprendizaje natural o fisiológico, y se desarrollan a través de la interacción social, por lo que son mediadas culturalmente. La corteza cerebral es el asiento anátomo-funcional de las más importantes funciones superiores.


Actualmente se distinguen numerosas funciones diferentes y complejas. Por ejemplo: la atención (mecanismo voluntario de focalizar la conciencia en un estímulo u otro), el lenguaje (comprensión, habla, conversación, lectura, escritura), cálculo (aritmética), memoria y aprendizaje (de diferentes lugares, acontecimientos, significados, movimientos), gnosias (reconocimiento complejo de objetos, formas y sonidos), praxias (capacidad de realizar movimientos coordinados, por ejemplo para vestirnos, utilizar herramientas), las funciones somato-sensoriales (visión, audición, sensibilidad al tacto), habilidades visuo-espaciales (orientación y reconocimiento del espacio y de la relación de nuestro cuerpo con el mismo), y las funciones ejecutivas (planificación, organización, juicio, toma de decisiones, resolución de problemas, empatía).

La evaluación neurocognitiva
Consiste en la detección y cuantificación de la disfunción intelectual, conductual y/o emocional causada por anormalidades en la estructura o función cerebral de una persona. Se basa en múltiples fuentes de datos: el reporte del propio paciente, la entrevista clínica, la observación del comportamiento del paciente durante el examen y los tests cognitivos. Estos últimos constituyen la principal herramienta cuantitativa y cualitativa del profesional. Son una muestra de una conducta particular, por ejemplo: una prueba de fluidez verbal es una muestra de la habilidad que tiene una persona para encontrar palabras de acuerdo a ciertas condiciones; una prueba de denominación es una muestra de la habilidad que tiene una persona para hallar el nombre de diversos objetos, animales, acciones, colores, etc.


La interpretación de estos tests supone el análisis cualitativo de los resultados y la utilización de puntajes cuantitativos, es decir, valores numéricos. Los resultados se comparan con promedios estimados según edad, sexo y escolaridad del paciente, acorde a normas nacionales e internacionales previamente establecidas para cada prueba. El examen es variable en cuanto a su duración, estrategias que se utilizan e instrumentos a los que se recurre. Esta variabilidad depende del profesional que realiza la evaluación, las características del paciente, y las condiciones disponibles. La misma se realiza en el espacio del consultorio, con el paciente a solas, favoreciendo un ambiente de relajación y comodidad.


La aplicación principal y objetivo primario de una evaluación neurocognitiva es la determinación, en un individuo con una lesión o disfunción cerebral, de las funciones cerebrales superiores deficitarias y las funciones que están preservadas. De ello se establece un patrón de la disfunción cognitiva y las consecuencias de la lesión en la vida cotidiana. De hecho, la presencia de alteraciones sólo se puede establecer utilizando estos tests. Es decir, el estado del lenguaje de una persona sólo se puede establecer a través del análisis de su lenguaje, el estado de la memoria sólo se puede definir a través del análisis de su memoria, etc. Además, esta evaluación, puede sugerir la etiología de la condición patológica, su localización, su posible evolución, y cuáles podrían ser las medidas de rehabilitación adecuadas.

 

¿A qué personas debe realizarse una evaluación neurocognitiva?
Está formalmente indicada en pacientes con sospecha de deterioro cognitivo leve o demencia, así como en pacientes con lesiones cerebrales, por ejemplo debidas a un traumatismo de cráneo o un ataque cerebral. También en la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la esclerosis múltiple, u otras condiciones crónicas para evaluar la afectación que ocasionan en la esfera cognitiva. Se la puede solicitar además a aquellos pacientes que consultan al médico por fallas de memoria, de atención, o del lenguaje, o que han notado un deterioro en sus capacidades intelectuales, para determinar si ésta disfunción se debe a alguna enfermedad neurológica incipiente, o a trastornos emocionales (ansiedad, depresión) que también pueden interferir en el rendimiento cotidiano.

 

En muchas condiciones se considera que el examen debe realizarse varias veces en el tiempo. Por ejemplo, en casos de personas que sufrieron traumatismos de cráneo, para observar la mejoría en el tiempo y detectar las secuelas a largo plazo; en ancianos con demencia, para precisar la velocidad y características del deterioro intelectual; en casos de tumores cerebrales que requieran cirugía, es recomendable evaluar al paciente antes de la remoción del tumor, luego de la cirugía, y algún tiempo después cuando el paciente se haya recuperado del trauma quirúrgico. Asimismo, en casos de realizar una rehabilitación cognitiva, se debe evaluar al paciente antes de comenzar el tratamiento, y luego del mismo.

 

“Doctor, me olvido las cosas...”
En los últimos años, existe una creciente preocupación y consulta a los médicos por dificultades de la memoria en la vida diaria. La primera indicación ante esta consulta es realizar una adecuada evaluación de la memoria y de las demás funciones cerebrales superiores para poder confirmar o descartar sus alteraciones.

Dra. Paola Brodi – Neuróloga
Dra. Cecilia Molaro – Neuróloga
SANATORIO AMERICANO